Coronavirus: Aceptar lo impredecible abre oportunidades

Oeste de Francia – 29/03/2020 – por Sébastien GROSMAITRE

Esta crisis sanitaria del coronavirus y el confinamiento que nos impone pueden verse como una oportunidad para repensar nuestras vidas y valores, individual y colectivamente.

Vivimos un momento histórico sin precedentes. La sensación de vivir colectivamente un acontecimiento histórico, pero dentro de los límites de nuestra vida cotidiana, confinados en las paredes de nuestros apartamentos y casas, es una sensación muy opresiva para muchos. La perspectiva de Frédéric Lenoir es particularmente interesante en este sentido. Este sociólogo, escritor y conferenciante francés nos invita, más allá de la compasión por quienes viven en primera línea las tragedias que estamos viviendo, a considerar las oportunidades que ofrece esta crisis. También puedes escuchar su podcast en nuestro muro de sonido.

Este es un período muy paradójico, marcado por experiencias colectivas sin precedentes que trascienden las fronteras y el confinamiento personal en el hogar. ¿Cuál es su perspectiva sobre esta crisis?

Frédéric Lenoir. La palabra "crisis" en chino se representa con dos ideogramas que significan peligro y oportunidad. Una crisis siempre presenta la posibilidad de cambio, de abrirnos a algo nuevo, de comprender sus causas y aprender de ello. Puede ser un despertar que nos permita vivir de forma diferente, tanto individual como colectivamente. Pero antes de reflexionar sobre estas oportunidades, quiero expresar mi profunda compasión por todos aquellos que están enfermos y experimentan ansiedad. Por quienes viven confinados en condiciones muy difíciles, ya sea por estar solos o por estar demasiados en un espacio reducido. Por todos aquellos que siguen trabajando, poniéndose en riesgo: cajeros, basureros, agentes del orden… y, por supuesto, el personal sanitario que sufre agotamiento y arriesga su vida por la falta de protección. Siento una profunda compasión por quienes sufren esta crisis.

¿Qué oportunidades ves a nivel individual?

Cuando nos sentimos inquietos, cuando salimos de nuestra zona de confort y de nuestras rutinas, puede ser una oportunidad para dar un paso atrás y ganar perspectiva. Podemos aprovechar este tiempo de confinamiento para reflexionar sobre nuestras vidas, para introspectar y para disfrutar de nuestros sentimientos. Si estamos leyendo un libro, intentemos meditar sobre lo que nos trae e identificar las nuevas emociones y pensamientos que evoca. Rara vez tenemos tiempo para hacerlo. Es importante experimentar estos momentos de calma. Aprovechemos esta crisis como una oportunidad para la introspección y, por supuesto, también para prestar más atención a nuestros seres queridos: pasar más tiempo en familia, jugar e interactuar con nuestros hijos, tener conversaciones telefónicas más largas con amigos sobre las cosas más importantes de nuestras vidas.

Algunas personas se ven afectadas por el estrés de este cambio de vida personal o profesional; ¿cómo se puede reducir este estado?

Los cambios en nuestro estilo de vida traen consigo estrés. La mejor manera de combatirlo es aceptar la situación. Llevo más de veinte años hablando de esto en mis libros: hay que soltar cuando no se puede cambiar una situación. Los estoicos nos recuerdan que debemos distinguir entre lo que depende de nosotros y lo que no. Intentemos actuar según lo que depende de nosotros, pero cuando nos enfrentamos a algo que no podemos cambiar, es mejor aceptarlo con alegría que enfadarnos y resistirnos. Si nos resistimos, sufriremos el doble. Nos estresaremos y nos angustiaremos. Por el contrario, si vemos una dificultad como una oportunidad, desarrollamos flexibilidad, la capacidad de soltar, la capacidad de dejarnos llevar por el impredecible fluir de la vida. Para muchas personas, vivir con la incertidumbre del mañana es angustioso, mientras que si aceptan esta realidad, su ansiedad y estrés disminuirán.

Es fácil decirlo… pero ¿cómo podemos ayudar a las personas a acceder a este proceso de dejarse ir?

La técnica más conocida para soltar es la meditación. Nos enseña a aquietar la mente, ese parloteo constante de pensamientos que alimenta el estrés. Nos ayuda a estar presentes en el momento, a aceptar la realidad sin juzgar. Para quienes encuentran este ejercicio difícil, podemos usar una cualidad humana universal que nos ayuda enormemente a ganar perspectiva: el humor. El humor nos distancia de los aspectos trágicos de la existencia. Actualmente circulan videos muy graciosos en redes sociales, lo que nos permite conectar y distanciarnos de la dura experiencia colectiva que estamos viviendo. Bromear, burlarnos e incluso reírnos de nosotros mismos son excelentes maneras de desestresarnos.

Y para los niños, ¿aún abogas por la filosofía?

Creé talleres de filosofía con la asociación Sève, que se están expandiendo por todo el país y permiten a los niños expresar sus pensamientos, compartir sus opiniones y desarrollar su pensamiento crítico. Ahora mismo, las familias pueden compartir con sus hijos su opinión sobre la situación: ¿qué les preocupa y qué aspectos positivos podrían surgir de la crisis que estamos viviendo? ¿Qué pasará después? Cuando damos voz a los niños, nos damos cuenta de que suelen estar llenos de sabiduría. Pero es importante que todos ejerzan el pensamiento crítico, especialmente ahora, cuando los rumores y las teorías conspirativas proliferan en las redes sociales. Es crucial debatir y ejercitar el discernimiento individual y colectivo sobre las soluciones propuestas para combatir el virus.

Si bien es fundamental mantener la unidad y la disciplina, y en particular respetar las medidas de confinamiento, no debemos renunciar a nuestra libertad de pensamiento y debate. Creo, por ejemplo, que el profesor Raoult (de Marsella) hizo bien en no alinearse y compartir públicamente sus resultados sobre el tratamiento con cloroquina, que las autoridades parisinas se negaron siquiera a considerar. Su atención está aumentando, y muchos hospitales han decidido no seguir las cautelosas directrices del gobierno dada la urgencia de los casos y los prometedores resultados ya obtenidos con este tratamiento más antiguo y muy económico.

¿Qué estáis pensando a nivel colectivo?

Vivimos en un sistema donde todo está interconectado, para bien o para mal. ¿Lo peor? La contaminación, la explosión de una central nuclear, un nuevo virus, el cambio climático, una caída de la bolsa, etc. Todos estamos en el mismo barco; debemos ser conscientes de ello. Esto también puede llevarnos a tomar decisiones para no depender unos de otros, como ocurre ahora.

¿Qué soluciones tienes en mente?

Debemos ser conscientes de la fragilidad de la globalización y, en ciertos casos, sobre todo cuando la salud pública está en juego, recurrir a soluciones nacionales o locales. ¿Por qué nos enfrentamos a una grave escasez de mascarillas, incluso para el personal sanitario? Porque limitamos las reservas por razones puramente contables, centrándonos exclusivamente en la producción nacional. Sin embargo, nuestra capacidad de producción nacional es cuatro veces inferior a las necesidades, y el gobierno francés contaba con importar mascarillas fabricadas en el extranjero en caso de pandemia… lo cual es absurdo, ya que en tal situación, todos los países comprarían preventivamente mascarillas producidas por sus propias industrias. Este es solo un ejemplo entre muchos. Esta fragilidad de la interdependencia global debería hacernos reflexionar.

¿Las decisiones radicales tomadas por las autoridades respecto al virus no plantean interrogantes sobre la verdadera voluntad de los políticos en cuestiones medioambientales?

Las autoridades están tomando decisiones extremadamente proactivas con respecto a los confinamientos, las restricciones de viaje, el trabajo remoto y otras medidas que tienen consecuencias inmediatas y desafortunadas para la economía, pero muy positivas para el planeta. Hay menos contaminación atmosférica y ¡podemos volver a oír el canto de los pájaros! Esto plantea la pregunta: ¿por qué no podemos tomar medidas mucho más proactivas para el medio ambiente? ¡Porque ese es realmente el mayor desafío de nuestro tiempo! El coronavirus es un problema de salud importante, pero si no hacemos nada para reducir el calentamiento global, no tendremos decenas de miles de muertes, ¡sino cientos de millones en todo el mundo! Muchos científicos creen que la propia supervivencia de la especie humana puede estar en juego. Los políticos se centran constantemente en el corto plazo y no están tomando ninguna medida contundente y esencial ante la crisis climática.

¿En qué debemos centrar nuestros esfuerzos?

Como dijo Nicolas Hulot durante su gobierno, debemos detener este sistema de medidas ecológicas provisionales y comprometernos sin más demora con una auténtica transición ecológica y socialmente responsable. El gobierno no siguió su ejemplo y, con valentía, extrajo las conclusiones necesarias al dimitir. Esta crisis nos demuestra que, si tenemos la voluntad, podemos tomar medidas mucho más radicales. El Banco Central Europeo acaba de liberar más de un billón de euros para apoyar la economía. Si destináramos la misma cantidad a la protección del medio ambiente, podríamos, por ejemplo, desarrollar masivamente las energías renovables o cambiar nuestro modelo agrícola productivista, extremadamente contaminante y poco rentable, ayudando a los agricultores y ganaderos a convertirse masivamente a la producción ecológica y de calidad. Nos hemos dado cuenta de que somos capaces de cambiar nuestros estilos de vida y de realizar cambios significativos en las políticas públicas en respuesta a este virus. ¿No podríamos hacer lo mismo con un problema mucho más importante: la crisis ecológica?

 

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